INSTANTES FELICES


 Esta mañana escuché en la radio una canción de Serrat (como todas, magistral): “De vez en cuando la vida…, te besa en la boca…”. Seguro que ya la estás tarareando. Deberíamos escuchar más a menudo canciones con tanta belleza y con tanto mensaje. Mientras conducía, camino al trabajo, con esa banda sonora envolvente, Serrat consiguió, por un momento, transmitirme esa sensación especial que nos hace levitar, algunos días de nuestra vida. Y pensé: “¡Qué poquitos son los momentos en los que esa magia nos envuelve!”. La canción fue elegida por un programa de radio porque hoy nació el primer bebé sin el onco-gen del cáncer de mama, del que su madre es portadora. Sin duda, una excelente noticia. Los avances de la ciencia dan resultados tan importantes que quizá no somos concientes de su alcance. Creo que podríamos comparar este con el primer paso del hombre en la Luna. En fin, el día parecía comenzar bien, a pesar del resto de las noticias que no hacen sino engordar el miedo. El miedo es como una garrapata a la alimentamos tanto, que, irremediablemente, un día termina por estallarnos en la cara.

A primera hora acudí a una charla sobre un nuevo test que ayuda a discernir si ciertas pacientes con cáncer de mama deben recibir quimioterapia o solo tratamiento hormonal. Importante avance que también las ayudará a librarse de la quimio (de momento es muy caro porque lo hacen en EEUU, solo las ricas podrán permitírselo, si no se demuestra que lo que se ahorrarán los hospitales en esos tratamientos compensa el gasto del test).

 Luego me dieron un mazazo, uno de tantos de los que vivo, casi a diario, en mi trabajo. Recibí la llamada del padre de un chico, paciente nuestro desde hace más de cuatro años, con el que se me han llenado los ojos de lágrimas más de una vez. Pues bien me contó, con la voz que solo el dolor sabe poner y que es capaz de atravesar el hilo telefónico, que su hijo había recaído de nuevo y que las expectativas no eran muy buenas. Sobra decir que está desesperado, que después de tantos años de luchar contra la enfermedad ahora necesita encontrar un último tablón que logre salvarlos, que le alargue la vida lo máximo posible o, que al menos, les de esperanzas. Mi primer pensamiento fue: “¡Joder, esta vida es una mierda!”. Pero inmediatamente, por ellos, por todos los que sufren a diario (no hay que irse al Japón para ver miserias, por muy duras que estas sean), debemos, tenemos la obligación de disfrutar cada momento de la vida. Y no es una frase hecha. Las dos chocolatinas que me da a escondidas la voluntaria de la Asociación contra el cáncer (en su día paciente nuestra), las bandejas con esos dulces de almendra rellenos de crema de La Madera (que tanto nos endulzan el día) que nos trae un paciente cada día que viene, las miradas, las sonrisas… el agradecimiento que transmiten con cada palabra; esas pequeñas cosas, consiguen que mis días sean más felices.

Parémonos a valorar los regalos diarios. Cada rayo de sol, cada canción que nos transporte, cada beso, cada arrumaco, cada fresa de color rojo intenso y de olor y sabor silvestre; cada instante que nos acerque a la felicidad… disfrutémoslo. Estemos atentos para recibirlos, para captarlos. Seguro que nos ocurren cientos cada día y no sabremos nunca si será el último.

Cerca del dolor se aprende a vivir con intensidad. Todos huimos de él, es natural, es humano. Pero si algo no tiene contrario, si no puede ser valorado, no puede ser medido. Solo cerca del dolor se alcanza la verdadera sabiduría que nos enseña a intentar ser felices cada día. Los que están sufriendo en este instante se lo merecen. Tenemos (por ellos, en su nombre) la obligación de intentar ser capaces de arañar felicidad de cada segundo.

 Escrito el 17 de marzo de 2011


4 respuestas a “INSTANTES FELICES”

  1. Estás en un sitio privilegiado para dar felicidad, y espero que tengas toda la necesaria para tener y repartir. Y no debe de ser fácil, viendo tan de cerca las cosas.

    Saludos.

  2. Cierto, pero respiramos tan rápido que ni siquiera le dedicamos tiempo a pensar. Así que el primer paso sería ese: disfrutar de cada minuto mientras miramos por la ventana, leemos un libro, observamos nuestras manos o paseamos sin rumbo…entre otras cosas..

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