EL MENÚ


Necesito comer cada día pero la comida del sanatorio es pura bazofia. Una vez encontré un muelle en las lentejas, gracias que lo vi antes de meterme la cuchara en la boca. Fue tal la impresión que a partir de ese día, me alimento a base de sol. Cuando no me dejan salir al patio rompo el espejo del baño, ellos creen que quiero suicidarme pero solo pretendo sacarlo entre las rejas para conseguir un reflejo que me proporcione el tono adecuado. Les molesta mucho que tengamos una ilusión que nos lleve más allá de estos muros. Cada vez que uno de nosotros muere, ellos lo celebran con un cambio de menú. Es inevitable alegrarse con la muerte de uno de estos locos, pero yo no lo estoy, así que no dejaré que me envenenen con sus mejunjes. Si vienen a por mí me echaré en el piso y me haré el muerto, aunque si no me tapo con la alfombra esta vez me encontrarán. Mis tripas crujen. El sol de primavera no es muy fuerte. Cerraré los ojos mientras trago los alambres de espino. Confío en poder abrirlos cuando termine.

Escrito por Críspira (Cristina Calduch, Pilar Méndez y Raquel Romero).

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2 respuestas a “EL MENÚ”

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